3.8.07

El apocalipsis según Vallejo

Fotografía: D.B.R

“Esta Facultad es un desastre, esta Universidad es un desastre, esta ciudad es un desastre, este país es un desastre, este mundo es un desastre, y este desastre se está convirtiendo en un infierno. Con el calentamiento planetario, este infierno sí que se va a poner bueno. Les va a tocar a ustedes, a mí no porque ya voy de salida de esto. A ustedes y a sus hijos —si tienen la mala ocurrencia de sacarlos de la paz de la nada donde están tranquilos y traerlos al horror de esta vida—”. Éstas fueron las primeras palabras que escucharon los asistentes a la presentación del más reciente libro del autor colombiano Fernando Vallejo. Previo a éstas, lo que escuchó la concurrencia fueron sólo ladridos emitidos por una docena de perros que arribaron al Aula Magna de la Facultad, conducidos por personas que vestían playeras con la leyenda “Animales Desamparados A. C.”
Este inusual comienzo prefiguró lo que sería tan sólo un adelanto de su nueva novela: La puta de Babilonia. El autor de novelas como El desbarrancadero, Los caminos de Roma y La Virgen de los sicarios advirtió que no venía a promover un libro, sino a defender una causa, “la mía, la de los pobres animales que son mi prójimo, entendiendo por animales los superiores, los vertebrados superiores y las cuatro mil seiscientas especies de mamíferos que hoy pueblan la tierra”.

La hoguera de la paridera
La visión apocalíptica del futuro, anclada en el crecimiento demográfico, encontró responsables en la voz del escritor colombiano. Expuesto en términos un tanto malthusianos, el arribo de un futuro de hacinamiento tendría que ver con el papel desempeñado históricamente por la Iglesia católica. Aquellos abocados a promover la reproducción de la especie, realizando campañas contra los métodos anticonceptivos, limitando la sexualidad a la procreación, serían —en palabras de Vallejo— los azuzadores de la hoguera demográfica. En particular Karol Wojtyla, “el papa más dañino”, quien viajó clamando por nuevos feligreses en las favelas, las poblaciones, las ciudades perdidas y las villas miseria del tercer mundo.
“La vida es un desastre y no tiene ninguna razón de seguir, pero la vida que está aquí hay que respetarla, y también a las vacas hay que respetarlas. Alguien en esta sociedad lo tiene que decir, y a mí me toca el papel del villano, de decir las cosas desagradables. Nadie escoge su miserable destino

La ramera de Babilonia
“Tenemos 1700 años de atropellos de la Iglesia cristiana, desde que una de sus sectas —llamada católica— se subió en el carro de la victoria del emperador Constantino (un genocida) y pasó de la perseguida que dice que era, a perseguidora: y empezó a perseguir y en grande”. En esta transición, los albigenses (o cátaros, religiosos cristianos de carácter y origen gnóstico maniqueísta que se propagaron por Europa Occidental entre los siglos X y XIII, recusantes de la Iglesia católica por su forma de jerarquizar a los obispos y papas) la comenzaron a llamar “la ramera de Babilonia”. Haciendo un recuento de la actuación de la Iglesia, Vallejo recordó las persecuciones emprendidas contra judíos y musulmanes y todos aquellos que le sonaron a “herejes” a lo largo de la historia, o su empeño y dedicación en genocidios como el de los nativos americanos en tiempos de la conquista. Así, además de criminalizarla, el colombiano hizo alusión al asentamiento de la institución religiosa sobre “mentiras, falsificaciones y calumnias”. La principal de éstas tendría que ver con la elaboración del Nuevo Testamento y en particular con la invención de “un” Cristo siendo que, en los primeros siglos, la pluralidad de “cristos” era tan grande como el número de vertientes que existían entre apostólicas, gnósticas, judías, judeizantes, helenísticas, etc., y siendo además que en los mismos Evangelios del Nuevo Testamento canónico podríamos encontrar al menos tres de ellos, muy diferenciados entre sí.
Por otro lado, estableciendo diferencias entre los personajes de adoración religiosa, señaló que, a diferencia de Cristo, Mahoma si existió y fue “un asesino, un vil contratador de sicarios […], creador de la yihad, que quinientos años después la Iglesia le copió bajo Urbano II”.

El quiebre de las imposturas
“Yo si creo en dios, lo que pasa es que es un monstruo. Porque siendo todopoderoso —pudiendo hacer esto bien— hizo esta chambonada de mundo. Nos impuso el dolor, la enfermedad y la muerte, y nos llenó de ciclones, tsunamis, terremotos, SIDA, tuberculosis, y de PRI, PAN y PRD”. Cuestionó los niveles de la miseria humana, afirmando que “la cosa va más allá de una revolución social entre ricos y pobres: este planeta está poblado de seres vivos que viven y mueren en el horror. Y siempre fue así, pero no en el grado en que es ahora”. Reprochando todavía más las farsas de la moral cristiana, y apuntando las líneas desde las que elaboró su última novela, afirmó: “Si no hay nada nuevo bajo el sol —como dice el Eclesiastés—, ¿entonces la bomba atómica qué? ¿Eso no fue nada novedoso? Pero hay más cosas novedosas: que por primera vez una especie, la nuestra, puede separar el sexo de la reproducción. El sexo es inocente mientras no esté destinado de manera forzada a propagar la vida, porque entonces sí se convierte en el crimen máximo”.

Reseña para el Metate,periódico de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, con la colaboración de Camila Joselevich

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